jueves, 16 de noviembre de 2017

Sobre el Día de Muertos en el México contemporáneo

A través del tiempo, la idea de la relación entre el mexicano y la muerte ha alcanzado proporciones míticas. En torno a tal concepto, se intercambian percepciones y se debate sistemáticamente, así como se formulan disertaciones respecto a sus aspectos y problemáticas particulares, crecientes en complejidad hasta el infinito, pero que siempre tienen más que ver con un sentido idealizado y abstracto que con una realidad tangible. Y es en ese plano de lo ideal y lo imaginario donde habita esa tradición de una riqueza vibrante y avasalladora, que contrasta con la insustancialidad hacia la cual ha sido arrastrada por la actualidad inmediata.

Tanto de manera consciente como inconsciente, hoy los mexicanos nos refugiamos dentro de la carcasa cóncava que representan la celebraciones de fines de octubre y principios de noviembre. Ese pastiche conformado por el Día de Todos los Santos y el de los Fieles Difuntos, el Halloween, y una suerte de carnaval amorfo. Una tradición socavada y artificializada por los procesos de globalización e industrialización, y sus efectos alienantes sobre el sentido de la identidad y la memoria. De poco le sirve a un individuo su capacidad heurística si no puede discernir la autenticidad de su entorno cultural.

En lo artístico, la forma y el contenido son indisociables, y la dicotomía que a menudo se plantea entre ellos es falsa. Pero en la realidad es distinto, porque las tradiciones culturales deben constituir un aspecto vital, integral e indispensable, no una superposición ornamental. Los mexicanos estamos acostumbrados a las visitas de la muerte con una frecuencia frenética, pero nuestra relación con ella no es tan única ni tan profunda como nos gusta creer. Al menos en este momento histórico, ya no lo es.

A la luz de los acontecimientos recientes, en los cuales una fracción sustancial del pueblo se topó con la muerte cara a cara, surgió un sentimiento colectivo de afianzamiento por la vida; un sentimiento urgente y eufórico que se elevó como el oleaje espumoso de un maremoto, para después sufrir una caída inminente a las pocas semanas. La resaca se manifiesta de diversas maneras, pero entre sus características compartidas se encuentra la apatía, la falta de sentido, el vacío, y ultimadamente, la inconsciencia. Una «petite mort» de la que es imposible escapar, puesto que brota del interior y nos mantiene anestesiados psíquica y emocionalmente.
No nos queda más remedio que abrazar incluso tradiciones de naturaleza artificial, porque nuestra realidad cotidiana es aplastante, desoladora.
Fernando Guízar Pimentel

sábado, 7 de septiembre de 2013

Matar a una vaca sagrada: Bob Dylan desmitificado

Dice la gente: "Ah, Robert Zimmerman. ¿Qué se puede decir de este hombre que no se haya dicho ya?". Les respondo: mucho. Un sinfín de cosas no muy positivas que, debido a su condición de figura de culto intocable, sería mal visto expresar.  "La voz de una generación". Sí, la voz de una generación perdida en ácido lisérgico. Dylan es seguramente la encarnación más descarada del "traje nuevo del emperador" dentro del mundo de la música desde hace cincuenta años..  

Si me consideras blasfemo por esto, te propongo un reto antes de que rasgues tus vestiduras: nombra diez canciones de Dylan. Tal vez lo puedas hacer (aunque lo dudo). ¿Y si te pido que cantes cinco de sus canciones COMPLETAS? A lo mucho, sabrás el estribillo de Like A Rolling Stone, o incluso Blowin’ In The Wind entera, pero nada más. Rara es la canción de su autoría que resulte memorable: es más fácil que Carstens pase por el ojo de una aguja a que recuerdes una canción de Dylan. Y no es que esto sea algo negativo. Simplemente, no fueron concebidas con el fin de encajar dentro de lo que es categorizado como  “música pop” para tener ganchos melódicos. 

Pero, ¿qué hay de la interpretación? Pues vaya manera de cantar. El tipo tiene el dudoso honor de ser el candidato principal al galardón como "la voz masculina más horrorosa jamás registrada en los anales sonoros". Nadie como Él mismo para interpretar sus propias canciones. Lo hace con un sentimiento inigualable, con voz de borrego recién violado y, por si fuera poco, el sonido de su grupo en concierto parece emanar de un bote de basura metálico. Sus fans alegan que todo esto le da una atmósfera muy especial. Lo mejor del caso es que la mayoría de las versiones que han hecho otros artistas de sus canciones dan mejores resultados que las versiones originales. Hendrix hizo un arreglo tan espectacular para All Along The Watchtower que el mismo Dylan adoptó y ha usado en sus conciertos hasta el día de hoy; Peter Paul & Mary hicieron lo suyo con Blowin' In The Wind, y Eric Clapton transformó un mantra monótono, Knockin' On Heaven's door, en un himno, retomado años después en versión hard rock por Guns N' Roses, con resultados de proporciones épicas.

Habrá quien diga: "OK, canta muy feo y su música es mala, pero ¡es uno de los mejores poetas de la historia!". Sí, ¡cómo no! Milton, Byron, Swinburne, Symons y los poetas verdaderamente grandes de la lengua inglesa se revuelcan en su tumba cada vez que alguien dice eso. El trabajo de un poeta es significativamente diferente al de un letrista de canciones: el ritmo, la cadencia y toda la métrica en sí son completamente diferentes.

La mitad de su catálogo consiste son un conjunto de rimas patéticas que un párvulo pudo haber escrito mejor. La otra mitad es un desastroso revoltijo de figuras retóricas ininteligibles que muchos gustan de calificar como "retrato social de la época de la contracultura". Eso ni ellos mismos se lo creen, pero ni de broma se atreverían a confesar que no tienen la más mínima idea de cómo construir un significado adecuado para esas canciones. Es más mas fácil asentir con la cabeza, mirar hacia arriba y decir: "Caray...pinche Dylan. Este cuate es un genio". Y estoy de acuerdo. Hay que ser un genio para haber podido alcanzar ese estatus de semidiós y una fortuna de ocho dígitos con un espectáculo en vivo y una discografía tan netamente mediocres.

Pero los dylanitas no lo ven así. Para ellos, su sumo pontífice bien pudo haber sido el fruto de la unión utópica Browning-Rossetti o un miembro honorario del club de los rimadores. No basta con poner a Dylan en el más alto pedestal de la música popular de los últimos cincuenta años, junto a los Beatles y los Stones: hay que aceptar la proposición de que Bobby es la figura cultural más grande que ha existido desde Cristo y digno de todo el honor y gloria eternamente. Tampoco son suficientes todos los Grammys y reconocimientos similares que recibe periódicamente: lleva trece años consecutivos nominado al Nobel de Literatura. Y se quedará esperando otros veinte (o los que le resten de vida).

De nueva cuenta, retaré a la borregada dylanita para ver si continúa viendo a su desgreñado mesías en las mismas proporciones. Voy a enlistar por incisos cinco versos. Díganme, ¿cuáles son extractos de canciones del señor Zimmerman?

A. Mamma says she broke her vows in a sapphire colored ocean, the lady just don't care no more 'cause the sky is now in motion. 
B. Take me on a trip upon you magic swirlin' ship, 
     my senses have been stripped my hands can't feel to grip. 
C. Outside in the distance a wildcat did growl, 
    Two riders were approaching, the wind began to howl. 
D. Early Sunday morning I saw a young girl crying loud, 
     Lost her in the middle of the ever changing crowd. 
E. I once loved a woman, a child I'm told, 
     I gave her my heart but she wanted my soul.

Las verdaderas letras de Dylan son la B, C y E y están tomadas de sus canciones más conocidas. Las otras dos son unas rimas que improvisé al instante y son muy malas porque no he tenido ninguna clase de entrenamiento en escritura poética, además de que el inglés no es mi lengua nativa. Pero, incluso si eligieron correctamente, por honestidad intelectual deben admitir que las letras de don Roberto, letrista emérito, no tienen mayor profundidad o coherencia que las mías.

Algo risible y sujeto a discusión es que todo músico respetable clama tener influencia de Bob Dylan. No hay que tragarse ese cuento. No resulta nada fácil encontrar su influencia tangible en las letras, música o performance de prácticamente nadie, por ningún lado. Mucha gente se niega escuchar sin prejuicios, para bien o para mal. Aceptan sin cuestionar la opinión de los críticos musicales de hace más de medio siglo, que por alguna extraña e inexplicable razón, fueron hechizados por Dylan y comenzaron su proceso de canonización. 

Debo aclarar que no tengo nada personal contra Bobby.  Al parecer es un tipo humilde con buen sentido del humor y no se anda pavoneando por ahí como miembro la realeza del rock; esa chamba es de Bono. No sale en películas chafas. No adopta negritos para ser nombrado embajador UNICEF y yo creo que ni siquiera se toma en serio su estatus de "voz de una generación".  Incluso, le estoy agradecido por su influencia sobre Lennon en determinado período, y por eso resistiré la tentación de seguir rascando más y encontrarle milagritos hasta por debajo de la lengua. Probablemente su mayor influencia en la cultura popular contemporánea es haber servido para que en el guión de "Titanic", Jack Dawson le haya podido decir a Fabrizzio: "When you've got nothing, you've got nothing to lose". El pecado de aquel hombrecillo judío es ser un timador flagrante; una vaca sagrada mientras su imagen permanezca en la memoria de la gente. Esa es su condena. 


Si te agrada la música de cantautor en inglés con aires folk, ahí están Neil Young, Joan Baez, Tim Buckley, Carole King, Carly Simon, Nick Drake, Gordon Lightfoot, Rickie Lee Jones, Tom Waits, Leonard Cohen, Laura Nyro, Donovan, Marianne Faithfull, Karka Bonoff, Simon & Garfunkel, Van Morrison, Patty Griffin, Emmylou Harris, y, por encima de todos, Joni Mitchell, la más grande cantautora de la segunda mitad del siglo XX. En lo personal, estoy familiarizado principalmente con los artistas de habla francesa, portuguesa e italiana, pero los hay de talla internacional en casi todas las lenguas, cuenten con el reconocimiento crítico, o no. Si eres hispanohablante, hazte un favor y escucha a los cantautores y trovadores de nuestra lengua. Escucha a Serrat. A Óscar Chávez, o a Silvio Rodríguez. A Víctor Jara o a Violeta Parra. Caramba, ¡escucha a Chava Flores!


Fernando Guízar Pimentel

jueves, 23 de mayo de 2013

La construcción del conocimiento durante la práctica terapéutica


Por: Fernando Guízar Pimentel
Existen muchos aspectos a considerar en la relación paciente-terapeuta si es que se requiere un análisis formal de la dinámica de la terapia. Desde la perspectiva de un terapeuta, cada sesión con el paciente constituye una oportunidad para incrementar su bagaje respecto al conocimiento de los mecanismos psíquicos y cognoscitivos. El paciente, por su parte, comparte de manera parcial y dosificada un cúmulo de experiencias, las emociones que estas despiertan en él y, según sea el caso, puede exponer de qué manera le afectan estas emociones provocadas por las experiencias y manifestar de forma directa estos sentimientos.
En numerosas ocasiones, el terapeuta tiende a interpretar la condición mental del paciente con base en la sintomatología particular que presenta. Sin embargo, dada la condición humana del terapeuta y por consiguiente los filtros de la subjetividad propios de la misma, lleva a una pregunta que es posible extrapolar a lo general: ¿Cómo percibimos y construimos nuestro conocimiento de la realidad? ¿Vivimos en una realidad objetiva que percibimos de manera parcial? Abierto el cuestionamiento de una realidad absoluta, ¿es posible enseñar?
El proceso de aprendizaje está estrechamente vinculado con el autoconocimiento. Gran parte de ello es cómo el ser humano se relaciona con sus emociones y sentimientos, y esta adquisición de conocimiento es posible sólo a través de un proceso de introspección riguroso y concienzudo. La labor del terapeuta es proporcionar pautas que faciliten el viaje de la realización personal, proporcionando herramientas que permitan al paciente crear su propio conocimiento en vez de transmitirle directamente sus propios paradigmas, filtrados de manera subjetiva de acuerdo a su contexto, su historia personal, su personalidad y su proceso psíquico. Los resultados pueden ser corroborados gracias por medio de una apreciación del estado general del paciente.
Desde mi punto de vista, la mejora del estado del paciente gracias a la terapia se optimiza cuando la aproximación del terapeuta respecto a la vertiente teórica y epistemológica de su práctica psiquiátrica es balanceada. Con ello, me refiero a los enfoques que el prestigiado psicólogo Carl Rogers denomina como “científico” y "vivencialista”, aparentemente contrapuestos el uno con el otro. Él mismo advierte de los peligros de otorgar una importancia exacerbada a la perspectiva empírica, dada nuestra propia condición subjetiva, pretendiendo que los  resultados sean “sanitizados”. Incluso la experiencia de los científicos más prestigiados indica que todo hallazgo científico cabe dentro de un margen de error por los parámetros y condiciones sobre los cuales fueron desarrollados los experimento, considerando además la impronta ideológica de los propios hombres de Ciencia –así, indicando su institucionalización con la mayúscula.
Un debate sobresaliente en el panorama moderno de la filosofía de la ciencia gira en torno a la cuestión de si es posible considerar los postulados científicos como principios subyacentes de la naturaleza del Universo, infalibles, irrevocables y casi sagrados. Esto no se encuentra muy alejado de una postura que raya en el fundamentalismo –siendo esto definido y entendido como la defensa irracional de una doctrina–  que va en detrimento del auténtico avance científico, ya que se aferra a postulados propuestos por las vacas sagradas del ámbito, pero pueden ya considerarse obsoletos debido a que han sido superado por nuevos descubrimientos y avances. Quienes nos suscribimos al humanismo racional, no podemos sino defender la proposición de que las distintas disciplinas científicas, como tal, son trabajada por el hombre y, por lo tanto, poseen pleno control sobre las mismas.

domingo, 2 de septiembre de 2012

The notion of music performers and it's effect upon the entertainment industry

By:  Fernando Guízar Pimentel

Within the cultural discussion circles, issues related to the  situation of music  – both as an industry and art form-  are almost always considered relevant. As an aspiring musician who hopes to be appealing to a broader audience someday, I will state my views about the changes of notions respecting music and it’s performers in a popular context, followed by a brief hypothesis, trying to explain the relationship between music education and the impact of the music industry toward society.

It is arguable that entertainers who happen to sing are considered musicians these days. This was not the case before the countercultural movement of the 1960’s; It was until then when anybody who grabbed an instrument to play simple chord progressions could call themselves “artists”. As simple as that, without any kind of formal schooling, as the practice of playing gigs every weekend at local  venues was more than enough; accomplishment was not something sought-after anymore, but fun was.

Without a doubt, most classically trained musicians find this recent shift of popular perceptions shameful. They no longer hold the mastery of fine musicianship exclusively, as many universities worldwide are granting honorary Doctorates in music to popular composers who can’t even read scores. These kind of titles were previously reserved solely  to the elite. Nowadays, it is also common for orchestras to be joined onstage by mainstream acts belonging to completely different genres. Boundaries seem to have vanished.

Interestly enough, while people started to expand the concept of artistry, they also found an innovative way to delve deeper into music by ignoring the limits imposed by classical standards. As musicians with more progressive tendencies explored with such resources as uncommon time signatures, contagious and often unpredictable rhythms, catchy lyrics, and a sonic palette fueled by electricity, they found the formula to achieve a successful change in the entire structure of the folk song archetype. They went far beyond  the horizons known until then.

It is also true that the music business has greatly influenced the way we perceive music by using  viral marketing campaigns to promote a wide range of artists –talented or not-  taking advantage at some extent of the ignorance of people concerning the quality of the music itself.

Even though education is supposed  to be the Government’s first and foremost responsability, they have failed to create and effective program to promote a learning of music that encompasses theory, playing and appreciation, making people an easy target for the industry tactics from a very early age.

It is truly pitiful when any art form degrades to a product, and music is the example par excellence of this situation. Hopefully, the new technological advances enable people to produce and share their own work, shaking the very foundations of the greedy entertainment business. We can only wait and see what happens.

miércoles, 8 de agosto de 2012

The cultural imposition of the English language


By: Fernando Guízar Pimentel
English has unquestionably achieved some sort of global status. Whenever we turn on the news to find out what is happening in virtually any place, local people are being interviewed and telling us about it in English. It is also hugely important as an international language and plays an important part even in countries where both the UK and the US have historically had little influence.

Nevertheless, it should come as no surprise that, despite the ever growing number of anglophones worldwide, studies show that the popularity of the language is decreasing in the US. One should remember that America is a utterly huge melting pot, where the immigrant population grows by millions every year. It has turned into an amazingly diverse collage of cultures  from literally every corner of the world that allows people to exchange their views end influence each other everyday.

Each time, a larger percentage of the inhabitants of the US speak English as their second language or they simply do not at all. But when it comes to discuss if English would prevail as the world’s foremost language, we should take into account the popular perception which holds the view that the popularization and the eventual standardization of the language within the individual national boundaries would also mean an imposition of an imperialist superpower.

Both Britain and America are well known for their chauvinistic, self imposing views in regards to almost any issue. At least, their cultural approach reflects this stance, disliked by a large number of Europeans and Latin Americans. By contrast, most Asian countries seem to be fascinated by anything Western; even their aesthetic canons are shifting according to American standards.

It may be also be argued that, if English becomes the absolute working language of the world, it could possibly limit the possibilities when it comes to expression in a pluralistic context, as almost every nation finds their language as the best possible way to  convey, more than the local issues, their whole idiosyncrasy.

On the other hand, it would be unlikely to suppose the substitution of English in a world scale scheme by an artificial language like Esperanto, even if it would constitute a politically correct move. Even if it does not enjoy of a tremendous linguistic prestige, the status of English as the international lingua franca will remain untouched for a long time and it is not far from being at the peak of its absolute worldwide usage.

lunes, 21 de mayo de 2012

Quality of life may not be what you think

By: Fernando Guízar Pimentel

Even though there are several definitions and meanings of the term “quality of life”, widely understood as the average healthcare, cost of living, and climate of a region or country, my own take on the issue includes some other concerns.  The popular conception of quality of life as described above is heavily influenced by the political discourse, which shows a tendency to equate infrastructure and economy with welfare. They are certainly crucial factors , but in no way are they decisive to measure the quality of life enjoyed by individuals and societies. An indicator such as personal happiness should be taken into account because it showcases authentic well-being.
To engage in a debate to determine what is happiness would be futile; there are as many definitions of happiness as there are persons and social groups. Nevertheless, a balanced state of mind is characterized by systematic pleasant emotions and  sensations of well-being, which are almost the same traits that most people would use to define happiness. The wide range of detonators of well-being include hanging out with friends to watch a film or enjoying a tasty meal. Even if happiness or other positive mental states are widely considered to be relative and subjective, it is arguable that quality of life is closely tied to them.
The Western worldview lead people to think quality of life should be seek in public facilities. For instance, Sweden and  Denmark are nations usually classified as providers of the best quality of life to their respective inhabitants who, paradoxically, suffer from the highest rate of depressive disorders.  The Eastern perspective, by contrast, holds that happiness is not to be found elsewhere except within ourselves
Among the many practices that may help to achieve a greater well-being are contemplative disciplines of oriental tradition, such as yoga and mindfulness, which encourage us to stay calmed to listen to our inner voice, completely ignoring the American right to pursue happiness; by raising our minds to a higher state of consciousness, we are enabled to be reached by it.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Crónica vigilante del pasado, visionaria del presente

Un comentario de la Visión del ParicutínSudario negro sobre el paisaje, de José Revueltas. Por Fernando Guízar Pimentel.

El volcán Paricutín emergió el 20 de febrero de 1943 en la meseta purépecha -punto neurálgico de una de las culturas más importantes del período postclásico de Mesoamérica. El mundo se sacudió desde que fue avisado del nacimiento de esta cavidad terrestre, pues era la primera vez a lo largo de la historia del hombre que se tenía la posibilidad de contemplar tan cercanamente un acontecimiento de esta naturaleza. Por ello, un sinnúmero de científicos, académicos, periodistas, artistas y demás curiosos provenientes de todo el mundo, así como corresponsales de los principales  medios de comunicación de ese tiempo, visitaron la zona aledaña, ya de por sí atestada de volcanes, para ver nacer uno más.

La visión que refleja José Revueltas de este evento en su en su crónica rebasa con creces el alcance de la que podría tener un reportero limitado a describir con la mínima injerencia y a seguir estrictamente el orden cronológico. Se aventuró a descifrar las emociones y, en algún grado, la ideología de los personajes a los que describe a partir de una interpretación fenomenológica del contexto en el que se desenvuelven, y esto lo hizo como una experiencia subjetiva muy peculiar. Inserta cuestionamientos en el texto que son simultáneamente  elegantes, válidos e ingeniosos, a los cuales nunca corresponde una respuesta unívoca.

Hubo matices en el comportamiento de las personas con las que convivió durante esta excursión que le permitieron vislumbrar sus motivaciones ocultas, rasgos de la idiosincrasia e imaginario del mexicano que están profundamente arraigados en su inconsciente colectivo. El léxico que Revueltas atribuye a los indígenas tarascos por medio de parlamentos es aparentemente atinado, pero lo verdaderamente interesante respecto a su habla se revela de otras formas; pudo detectar en ellos sentimientos complejos y contradictorios por medio de algunas inflexiones sus voces. ¿Cómo pueden hombres rebasados por las circunstancias expresar sus dolencias, transparentarse de manera justificable ante los rígidos esquemas sociales? Revueltas pudo encontrar que la razón por la cual estos hombres desamparados se embriagaban era un pretexto para que les permitiera llorar desinhibidamente. Hallaron en el alcohol un refugio temporal ante la adversidad. “Nadie vino con el carácter de decir ¿Qué tienen? ¿Qué les pasa?”[1], cuenta uno de los lugareños afectados. “Nadie nos llegó a visitar, a condolerse de nosotros, nadie nos llegó a dar el pésame siquiera...". Estas frases constituyen una síntesis de la visión desgarradora y resentida del nativo indígena.

Lo interesantes es que esta serie de actitudes son producto de un impacto recibido desde la época de las conquistas. Fue durante este período que se marcó de manera indeleble al nativo mexicano debido  la manera en que los españoles llevaron a cabo su empresa de penetración cultural por medio de la evangelización forzada, la destrucción de las civilizaciones en todos sus niveles y su eventual sustitución la cultura europea y, finalmente, por  el trato denigrante a los vencidos por parte de los invasores.  He ahí la clave de la actitud resignada del indígena, de su eterna melancolía y tristeza que, en este caso, se ve dignamente complementada con el paisaje desolador descrito.

Es importante recordar que el nacimiento del volcán marcó el renacimiento de tres comunidades purépechas. La vida de sus miembros, dueños legítimos de las tierras carbonizadas, cambió literalmente de la noche a la mañana, aunque no de manera inesperada para ellos: por medio su conocimiento empírico, lograron detectar cambios en la tierra, mismos que fueron reportados ante los oídos sordos de las autoridades municipales meses antes de la erupción. Ocho días antes de que el volcán iniciara su actividad, el presidente municipal de San Juan Parangaricutiro envió mensajes de alerta al gobierno estatal y federal, pero nunca recibió respuesta[2]. Las comunidades sufrieron los estragos de la indolencia y se vieron obligados a  partir hacia el éxodo, en una peregrinación sin guía ni rumbo fijo. Por lo menos los aztecas seguían el consejo de su dios tutelar en busca de una tierra prometida que identificarían por medio de señales precisas.

El pobre Dionisio Pulido fue puesto en una encrucijada existencial, un tremendo predicamento al saberse dueño de una propiedad intangible y de nulo valor práctico. He aquí su testimonio:
A las 4 de la tarde, dejé a mi esposa al fuego de la leña cuando noté que una grieta, que se encontraba en uno de los corrales de mi granja, se había abierto y vi que era una clase de grieta que tenía una profundidad solamente de la mitad de un metro. Me fijé alrededor para encender las brasas otra vez cuando sentí un trueno, los árboles temblaban y di vuelta para hablar a Paula; y fue entonces que vi cómo en el agujero, la tierra se hinchó y se levantó 2 o 2,5 metros de alto y una clase de humo o del polvo fino –gris, como las cenizas– comenzó a levantarse para arriba en una porción de la grieta que no había visto previamente. Más humo comenzó inmediatamente a levantarse con un chiflido ruidosamente y continuó y había un olor de azufre.[3]
Al pasear por varios pueblos del Corredor Tarasco, le fue posible a José Revueltas abordar una especie de máquina del tiempo. La impresión que tuvo del panorama fue como si hubiera retrocedido siglos; pudo percibir un ambiente incluso primitivo que lo remontó a épocas en las que ni siquiera se había finalizado la construcción de la parroquia local. La peregrinación y la actitud de sus participantes no hicieron más que corroborarle esta percepción de extratemporalidad. Por medio del sinarquismo resulta aún más evidente la personalidad temerosa y tendiente a la culpa del mexicano, tan opuesta, por ejemplo, a la concepción protestante de la Providencia. Esto nos lleva a cuestionar si será siquiera al Dios judeocristiano a quien dirigían súplicas de piedad, a quien rogaban para ser salvos de una catástrofe que modificara sus condiciones de vida, ya de por sí precarias. Tal vez podrían ser aquellos dioses sedientos de sed y exigentes de sacrificios los verdaderos destinatarios. No pudieron haber encontrado mote más apropiado que “el padre geólogo” para Ezequiel Ordóñez, pues funge como verdadero evangelizador. La diferencia en esta ocasión radica en que son la ciencia y el razonamiento lógico la religión que viene a propagar. Se les explica a los indígenas que los volcanes brotan a  manera de liberación de los gases y flujos que circulan por debajo de la corteza terrestre; nada más alejado de su cosmovisión mágico-religiosa. La magia les es arrebatada, pero el afán por el conocimiento verdadero lo justifica todo.

Mientras que los habitantes de Uruapan se mostraron indiferentes a la situación, los fuereños, encontraron en el volcán recién emergido una atracción turística espléndida por su vistosidad y evidente belleza; un maravilloso espectáculo de la naturaleza, admirable por su carácter único. Por su parte, los habitantes de lo que había sido Paricutín no podían estar más alejados de compartir esta visión. Para ellos no hubo más que desencanto y una sombría aflicción al verse obligados a enfrentar la realidad, misma que los azotó estruendosamente al darse cuenta de que su único patrimonio se había perdido: se lo tragó la tierra. Una situación tan bizarra como desafortunada que bien pudo formar parte del conjunto de  leyendas cosmogónicas prehispánicas, de proporciones épicas de haber ocurrido al menos cinco siglos antes.

La tierra que salió de las entrañas terrestres junto con la explosión volcánica es mítica, misteriosa. ¿Qué tal si se trata de la mismísima materia con la que se formó el mundo? Por ello es irónico, amargo en cierta modo, que parte de ella tenga un destino tan insulso, tan poco digno: en la carne que un indígena come despreocupadamente. Esa misma tierra que databa de los albores de la creación saturó el ambiente y dañó las tierras de cultivo al dejarlas infértiles. Lo desconcertante del asunto es que la profecía insinuante respecto a la ciudad de México se ha vuelto realidad. Las campiñas, plantíos, canales y riachuelos de la ciudad han cedido casi completamente ante la masa de asfalto, de incesante crecimiento, dándonos un panorama engañosamente industrializado. La ciudad capital estará cubierta de ceniza indefinidamente, pero debajo de la lápida se conserva la memoria mientras haya interesados en compartirla.

[1] Extraído de un testimonio aparecido en Ultimas Memorias Vivas, corto documental de Antonio Zirión
[2] La Jornada Michoacán, cultura, 22 de febrero de 2008. http://www.lajornadamichoacan.com.mx/2008/02/22/index.php?section=cultura&article=009n1cul
[3] Tomado de la página web  oficial de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. http://www.umich.mx/mich/volcan-paricutin/excursion-historia.html